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Freydoz guardó silencio ante acusación

Como se preveía, la viuda de Carlos Soria no accedió a declarar. Los hijos revivieron la noche del asesinato y en el caso del yerno de la mujer, contó la asistencia que le brindó a la víctima.

En la requisitoria fiscal se revelaron detalles de las discusiones del matrimonio.
 
General Roca >
Las discusiones en la pareja cada vez más frecuentes, los celos de la imputada y la sospecha hacia una kinesióloga y hasta la automedicación constante fueron algunos de los puntos que más se repiten en la acusación que pesa sobre Susana Freydoz por el asesinato de su esposo, el ex gobernador Carlos Soria.
Elementos como éstos fueron dados a conocer en la primera jornada del juicio que se inició ayer por la muerte de Soria a manos de su esposa, Susana Freydoz. La jornada comenzó con la lectura de la requisitoria fiscal de elevación a juicio. La imputada, sentada junto a su abogado, Alberto Richieri, siguió el desarrollo con la mirada baja y el único momento en que habló fue cuando tuvo que responder -con escasas palabras- los requerimientos filiatorios que le realizó el presidente del tribunal, Carlos Gauna Kroeger, oportunidad en que al ser consultada sobre la posibilidad de prestar declaración, Freydoz -por consejo de su abogado- se abstuvo de hacerlo.
Como sostiene la acusación, sobre las 4 de la madrugada del 1 de enero pasado, en la vivienda familiar de la chacra ubicada en el camino a Paso Córdova, “luego de finalizada la reunión familiar que se realizó con motivo de los festejos de Año Nuevo, Carlos Soria se retiró a descansar a la habitación que compartía con su esposa Susana Graciela Freydoz. Inmediatamente, ésta última que se encontraba junto a su hija –María Emilia- en el sector cocina-comedor ordenando y lavando elementos que habían sido utilizados en la fiesta, dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a la habitación matrimonial cerrando la puerta de un portazo. Ya en el interior de la habitación, luego de mantener una breve discusión con su esposo, Carlos Ernesto Soria, tomó el arma de fuego que se encontraba en el lugar, un revólver calibre 38 marca Smith and Wesson, y disparó con el mismo a su esposo, mientras éste se encontraba acostado sobre el lecho conyugal, ingresando el proyectil en la zona malar izquierda de Carlos Soria, causándole lesiones encefálicas hemorrágicas y destructivas que a los pocos minutos le produjeron su muerte”.
Ayer, luego de la lectura de la acusación hacia Freydoz por el delito de homicidio calificado por el vínculo agravado por el uso de arma de fuego, el tribunal le dio la oportunidad a la mujer de declarar. Ante la negativa de hacerlo, el tribunal la autorizó para que saliera de la sala sin dejar el edificio judicial, trámite que deberá repetirse cada día de juicio.
Dos de los principales testimonios de la primera fueron el de la hija del matrimonio Soria, María Emilia, y el de la pareja de ésta última, Mariano Valentín. La pareja fue quien, en la noche trágica y  luego de que se retiraran de la chacra todos los miembros de la familia, se quedó en otro sector de la vivienda y, por ende, fueron los primeros en intervenir apenas se dio el fatal desenlace.
 
A puertas cerradas
Los jueces Gauna Kroeger, Fernando Sanchez Freytes  y María Evelina García debieron resolver el pedido de los hijos de Soria de declarar a puertas cerradas, es decir sin la presencia de la prensa ni del público. Los dos primeros magistrados hicieron lugar al planteo mientras que la jueza García votó en disidencia y en forma minoritaria a favor de que las mencionadas testimoniales fueran públicas. En tal sentido, María Emilia se quedó declarando por más de una hora pasada las 15 de ayer. Antes, había declarado su novio, Mariano Valentín.
Este último dijo que hace unos cuatro años que comparte las fiestas con la familia de su pareja y si bien reconoció que pudo ver discusiones entre Soria y su esposa, en el último tiempo y en concreto en las últimas fiestas, esta situación se profundizó. “Ese día no la vi bien a Susana; no estaba bien” sostuvo Valentín y agregó que: “La cara no era la misma; estaba rara”.
Sostuvo que desde el mediodía pudo notar que algo estaba mal y que hubo varias discusiones entre los integrantes del matrimonio y citó algunos de los hechos que coinciden con lo descrito en la acusación. Por caso, esa tarde, la del 31 de diciembre, Soria se había puesto a colgar unos llaveros con formas de herraduras, lo que generó el cuestionamiento de su esposa.  Así se repitió una situación similar en distintos momentos de la noche familiar y festiva. Tal como surge de los testimonios en la requisitoria fiscal, también se generó una crítica de Freydoz por hablar por teléfono en forma reiterada,  cuando Soria se puso a cantar tango en medio de la cena familiar de Año Nuevo o cuando, ya sobre las primeras horas del 2012, la víctima decidió bañarse en la piscina, haciendo que sus nietas quisieran hacer lo mismo.
 
La tragedia
Valentín contó que cuando se fueron todos los invitados y luego de ordenar algunas cosas en el patio junto a su suegro, ingresaron a la vivienda. Freydoz y María Emilia estaban en la cocina ordenando. Soria se despidió y se retiró a su dormitorio. Detrás de él, lo hizo Freydoz. Valentín dijo que se fue a dormir y cuando pasó por un sector de la vivienda escuchó que el matrimonio estaba discutiendo. Se acostó y se despertó con los gritos de María Emilia. Así fue que corrió al dormitorio matrimonial y allí vio a Soria en la cama, con sangre en su rostro y el revólver sobre la cama. Aclaró que intentó evitar que Soria se ahogara con la sangre que caía por su rostro hacia su boca, a la vez que corrió el arma y la puso sobre la mesa de luz.  
Fue allí cuando dijo que María Emilia hizo sonar la alarma. En medio de toda esa situación, tuvo que forcejear y hasta recibir algunos golpes que le propinó Freydoz, quien, según dijo el testigo, quería acercarse a la cama.
Dijo que le acomodó la cabeza a Soria y vio que respiraba como roncando.
A los pocos minutos, salió afuera y gritó a los efectivos policiales, Luis Córdoba y Néstor Núñez, para que pidieran una ambulancia. En la jornada de ayer, ambos declararon.
Por otro lado, en distintos pasajes de la extensa acusación se hizo mención de los celos permanentes de Freydoz y que, de acuerdo a los testimonios de amigas, sospechaba de una kinesióloga, incluso, de algunos mensajes de textos en el celular de su esposo que ella descubrió. Los testimonios dieron cuenta que la mujer le pidió varias veces a algunas de sus amigas que la acompañaran para seguir a su marido.

Apenas movimientos con su cabeza y a punto de quebrarse

Susana Freydoz escuchó casi sin movimiento alguno toda la acusación. Acompañada a su derecha por una asistente terapéutica y del abogado Alberto Richieri del otro lado, la imputada realizó muy pocos gestos mientras duró la extensa lectura. Sólo miró hacia sus manos, en las que siempre tuvo pañuelos. En forma reiterada, secó sus ojos. Muy pocas veces levantó la vista.
Con su cabeza asintió o rechazó las consultas de su abogado. En un tramo de la lectura de la acusación, sobre todo en las declaraciones testimoniales de su hijo mayor e intendente de Roca, Martín Soria, Freydoz pareció quebrarse. Su abogado cuidó en todo momento de ella y hasta en forma reiterada la miró como queriendo saber si todo estaba bien.
Finalizada la lectura, el juez Carlos Gauna Kroeger la llamó al centro de la sala. Ella caminó lento y se sentó. Respondió con vocablos simples y pocas explicaciones la consulta sobre sus datos filiatorios. Dijo que hace más de 10 años que no ejerce como nutricionista y dio completo el nombre de sus padres. Cuando fue consultada sobre si iba a declarar, ella miró a su abogado quien movió su cabeza en forma negativa. Ella miró al presidente del tribunal y le respondió en igual sentido.

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