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Francisco ya está en su casa

La explicación de "Pancho" fue muy simple: "vi las luces y caminé hacia ellas", dijo en referencia a las luces de la represa de Arroyito, donde llegó hoy a la mañana tras una noche sin dormir, con hambre y mojado.

Cipolletti - "Estoy orgullo por cómo se comportó, seguro que mejor que muchos adultos", dijo Aldo Verderone en relación a su hijo, Francisco, quien estuvo perdido desde las 16 de ayer y logró llegar a Arroyito por sus propios medios.

La explicación de "Pancho" fue muy simple: "vi las luces y caminé hacia ellas", dijo en referencia a las luces de la represa de Arroyito, donde llegó hoy por la mañana tras una noche sin dormir, con hambre y mojado.

En el lugar donde se extravió Policía, Bomberos, Protección Civil realizaron una intensa búsqueda y se utilizaron perros adiestrados en seguimiento de rastros. Los canes no dieron con una pista porque el menor, antes de fijar rumbo, pasó por varios cañadones intentando hallar a su familia. Sus padres y allegados agradecieron “a toda la gente que se sumó, tan rápido, desinteresadamente, que estuvo toda la noche recorriendo la zona. También a los baqueanos”.

"Llegamos cerca de las 11:30 (del domingo), con nuestra familia y empezamos a bajar. Almorzamos cerca de las 14 y continuamos caminando, hasta las 16 aproximadamente. Y cuando subíamos, en un momento, nos dimos cuenta que Pancho no estaba", relató Verderone horas después del reencuentro. "Yo iba atrás, viendo (a los demás) y de repente los perdí. Había dos caminos y subí por el otro", explicó Francisco. Intentó retornar por la senda correcta, pero no pudo distinguir cuál de los cañadones era el que habían transitado.

"Me quedé un rato esperando, pero no vinieron. Y empezó a oscurecer y me asusté un poco". Ahí empezaron a vislumbrarse las luces que lo guiaron hacia el final de su odisea, aunque aún quedaban varias horas por delante.

Mientras sus familiares comenzaron a recorrer diversos senderos del lugar y otros dieron aviso a la Policía, "Pancho" comenzó a caminar en otra dirección. Caída la noche "hacía frío y empezó a llover, me quise acostar abajo de un árbol pero no pude dormir. Por el frío". Entonces retomó la marcha. "Me corté todo -dijo señalando sus piernas- porque no me iluminaba más la luna".

A poco de llegar a la represa, debió cruzar un río, por lo que arribó cansado, hambriento, con frío y mojado. Rápidamente, por suerte, lo asistieron y comenzaron a trasladarlo hacia El Chocón, donde también se dirigían sus padres.

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