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Familias cipoleñas tomaron terrenos en el DVN

Durante la mañana de ayer se vivieron momentos de tensión entre dos grupos que dicen pertenecer a la cooperativa de viviendas Mi Tierra. Uno de ellos se instaló en un predio que, aseguran, es de su propiedad.

Se negaron a retirarse del lugar y aseguraron que se quedarán allí hasta por lo menos el lunes. Quieren ser atendidos por el gobernador.

Ayer por la mañana la ciudad despertó convulsionada a causa de la toma de un terreno en la zona del Distrito Vecinal Noreste, sobre la calle Saturnino Franco.
Hasta allí se dirigieron alrededor de 25 familias, que llegaron con la intención de hacerse escuchar y de ser atendidos por el gobernador Alberto Weretilneck.
Los lotes pertenecen a la cooperativa de viviendas Mi Tierra, organización que hace tiempo viene manteniendo serios conflictos internos. Mientras que los ocupantes forman, o formaron, parte de la entidad.
Las versiones al respecto son contrapuestas. Quienes se asentaron ayer en el DVN aseguran que las tierras ya fueron pagadas, por lo que pretenden que se las entreguen. En tanto, desde la presidencia de la cooperativa señalan que se trata de personas que hace mucho tiempo dejaron de pagar las cuotas.
Patricia, una de las ocupantes, aseguró que se vieron empujados a tomar los terrenos por la situación que vienen padeciendo hace siete años. “Nosotros ya pagamos todo, tenemos un acta de acuerdo que firmamos con Weretilneck, que en ese momento era intendente, en la cual se dice que no hay que pagar más nada y que las tierras nos pertenecen”, señaló.
A su vez, los manifestantes sostuvieron que el problema surgió debido a que “los dirigentes de la cooperativa lo que han hecho durante todos estos años han sido negocios y especulaciones inmobiliarias”.
Por su parte, la titular de la entidad, Lorena Castro, afirmó que lo que sucedió ayer fue una usurpación. “Se están metiendo en nuestro terreno cuando ellos dejaron de pagar hace bastante tiempo y hoy no pertenecen más a la cooperativa”, remarcó.
 
Una mañana complicada

Luego de que las familias se instalaran en las tierras del DVN, se hicieron presentes en el lugar efectivos policiales y el juez Gustavo Herrera.
Este último mantuvo un largo diálogo con las personas que ingresaron a los terrenos, quienes le plantearon el problema y se mostraron dispuestos a buscar una solución a través del consenso, aunque desestimaron la posibilidad de retirarse del lugar antes del lunes.
Asimismo, Herrera dejó en claro que “lo que están haciendo estas personas en este lugar es un delito; caen en una contradicción, porque por un lado pretenden que la ley los contemple pero por la otra se salen de los marcos de ella”.
Además, el magistrado dijo: “Ellos están en la ilegalidad con esta acción, por lo que yo no les puedo garantizar la seguridad; tendrán que hacerse cargo y asumir sus actos”.
A su vez, los cipoleños que tomaron los terrenos piden no ser tratados como tomeros. “Nosotros no queremos cagar a nadie pero tampoco que nos caguen, no le sacamos la tierra a nadie, es nuestra porque la pagamos, somos todos trabajadores”, explicó una Patricia.
Pero la intención de las familias, según lo que manifestaron, no es crear una toma, sino que las autoridades los escuchen y les den lo que les pertenece. Con ese fin, y para evitar que algunos oportunistas aprovechen la ocasión y se instalen en el lugar, los vecinos se organizaron de manera tal que cada uno que pretenda ingresar al predio debe mostrar su chequera y su documento de identidad, para constatar que pertenece efectivamente a la organización propietaria.
 
Tensión
La cooperativa Mi Tierra mantiene un largo conflicto interno que ha dividido las aguas. Por eso es que ayer, apenas se anoticiaron de la situación, muchos cooperativistas se acercaron al Distrito a reclamar orden.
El intercambio de palabras entre los grupos comenzó a subir de tono y estuvo a muy poco de pasar a mayores. “Ellos dicen que las tierras son de ellos y vienen y toman, pero nosotros qué hacemos, si yo pago todas las cuotas, tengo todo en orden, no pueden venir a quedarse con algo que es mío”, reclamó un joven e irritado vecino.
En los alrededores al predio el clima era de tensión. Se realizaban encuentros en grupos pequeños a cuadras del lugar. Las posiciones contrapuestas no encontraban ningún punto de encuentro. Así transcurrieron las horas y la Policía apostada en el lugar para impedir que el desorden se generalizara en el sector.

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