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El debate cerró con voces a favor de los imputados

Mañana comenzarán los alegatos en el juicio contra Héctor Montecino, Sergio Dávila y otros 11 presuntos integrantes de una banda narco.

Los testimonios escuchados ayer intentaron beneficiar a los acusados de acatar órdenes de los cabecillas de la organización.
 
Se cerró ayer la ronda de testigos en el juicio oral contra Héctor Montecino y Sergio Dávila, quienes junto a otros 11 detenidos enfrentan una acusación por narcotráfico. Ahora, el Ministerio Fiscal y los abogados defensores preparan sus alegatos, que se iniciarán mañana a en la sala de audiencias del Tribunal Oral Federal de  Roca.
A pesar de que sus aportes no fueron destacados en relación a la causa penal abierta en septiembre del año pasado, las personas citadas ayer fueron protagonistas por cómo fueron convocadas a los allanamientos y también, por otras situaciones que exceden a la investigación sobre la comercialización de estupefacientes por parte de la presunta banda (ver aparte).
La jornada se desarrolló desde las 9.30 y se extendió hasta alrededor de las 14, con un testigo que tuvo que ser trasladado por la fuerza pública. De esta manera, se atendieron los pedidos de la fiscal Mónica Belenguer y los abogados defensores, que un día antes se encargaron de insistir sobre la presencia de determinadas personas.
Cipoleños cercanos a algunos de los acusados se encargaron de destacar su compromiso con el trabajo y no ocultaron su extrañeza por la supuesta vinculación con el mundo de la droga. Fue por ejemplo el testimonio de una ama de casa, que le alquilaba un departamento a la joven Suyai Domínguez, de 24 años. La mujer destacó que “era una chica muy trabajadora y cumplía horarios. Trabajaba en una estación de servicios de Rivadavia y Mariano Moreno”.
Tras su relato, prestó su testimonio un oficial principal de la Policía neuquina, que intervino en los allanamientos del 28 de septiembre de 2012. El agente generó varias sonrisas en las partes porque recordó que junto a él trabajó el oficial "Porro", de la División Toxicomanía.
 
“Era muy trabajador”
Otros dos testigos que trabajan en una empresa de seguridad con sede en Neuquén brindaron detalles sobre la droga encontrada en uno de los domicilios allanados y uno de ellos describió que los ladrillos de marihuana se hallaban en el interior de una bolsa de arpillera. Puntillosa, la fiscal Belenguer reiteró en casi todas las ocasiones la solicitud de que las personas reconocieran su firma en las actas de allanamiento.
Al igual que la vecina que rescató el compromiso con el trabajo de Domínguez, un cipoleño que se dedica al reparto de frutas y verduras contó al Tribunal presidido por el juez Armando Márquez que el joven Cristian López, fue su empleado durante casi cuatro años. “Él estaba en un negocio y se vino a trabajar conmigo. El empleo era en el mercado concentrador de Neuquén y revendíamos en Cipolletti. Dejó de venir porque andaba mal la venta pero era muy trabajador, responsable”.
En tanto, el sexto testigo de la cuarta jornada del juicio oral se encargó de destacar que en uno de los domicilios allanados se encontró marihuana oculta “en el carrito del bebé”.
Otra de las personas citadas, que vive en Neuquén y trabaja como soldador en una empresa, mostró toda su hosquedad a los magistrados porque, en apariencia, todavía le dura el enojo por la forma en que la Policía de la vecina provincia lo conminó a ser testigo. “Me agarraron como a las tres de la mañana, venía de una fiesta”, disparó ante los integrantes del TOF.
Lejos de mostrarse benévolo, dijo que por su condición de casi beodo recordaba escasos detalles del allanamiento y ante la consulta de la defensora oficial Gabriela Labat de si había bebido mucho esa madrugada (28 de septiembre de 2012), fue certero: “Bastante”. 
 
Exposiciones extensas
Cerca del mediodía y antes del primer cuarto intermedio de ayer, fue el turno de un comerciante de Cipolletti, que confirmó que Jorge “Topo” Navarrete se dedicaba a la venta de chacinados. Asimismo, un carnicero dijo que lo conocía hacia más de 20 años y que repartía carne, además de hacer chorizos.
Por otro lado, un pintor precisó los trabajos realizados en seis cabañas que serían propiedad de Manuel Ribera Pabst y que están ubicadas en Barda del Medio. “Supuestamente eran para alquilarlas”, resaltó el testigo.
De esta manera, culminó la maratón de testigos que se inició el pasado jueves y que en cuatro días implicó más de 20 horas de debate.
Ayer, La Mañana de Cipolletti consultó a las partes sobre la modalidad de los alegatos y hay coincidencia de que se buscará ser concreto ante el Tribunal presidido por Márquez e integrado por los jueces Eugenio Krom y Orlando Coscia. De todos modos, por la gran cantidad de acusados, el Ministerio Fiscal se verá obligado a extender su exposición y establecer con precisión el alcance de las imputaciones para cada uno. En cuanto a los defensores, se limitarán a resaltar los atenuantes aunque también harán hincapié en posibles nulidades.

El drama de un productor por una toma se coló en el juicio

Uno de los testigos planteó su situación ante el tribunal.
 
Las situaciones insólitas que se dan en las audiencias de juicio tienen muchas veces que ver con la idea de justicia de los ciudadanos y en forma paralela, con la necesidad de respuestas valederas. Fue el caso ayer de un productor frutícola con domicilio en Cinco Saltos pero que es propietario de tierras en el barrio Costa Norte de esta ciudad. Y “tener” es sólo una forma de expresarse porque en realidad cuenta con 16 hectáreas tomadas, según denunció ante el Tribunal Oral Federal roquense.
Casi quedó en el anecdotario que conocía a una de las detenidas, María Gutiérrez, quien había firmado un comodato para que cuide una casa que se encuentra en sus tierras a partir del 1 de junio de 2012.
Sin detenerse, ante las sorprendidas partes, brindó un panorama desolador sobre la situación vivida los últimos años. “Es conflictivo el lugar, eso se fue tomando mal”, manifestó al principio. Más allá de sus quejas y denuncias, enfatizó que las tomas “no fueron resueltas ni por la Justicia ni por las autoridades”.
Para graficar sus sensaciones, no dudó en apuntar que “es una zona liberada total, es un lugar muy inseguro”.
Como le requirieron precisiones sobre el comodato con Gutiérrez, el productor comentó que su intención era que cuiden sólo la casa. “Tuve anteriores personas. Primero hice un trato con Alejandro Figueroa pero pasó a estar preso entonces hice el comodato con la esposa (Gutiérrez)”.
Enseguida, volvió a relatar las vicisitudes que enfrenta en esas tierras y explicó que extraños “destruyeron totalmente la casa y me quemaron 2.500 fardos. Desde que tengo la segunda toma, me la han destruido (a la vivienda)”.
Ante su desazón, el juez Orlando Coscia trató de mostrar cierto interés y el productor, casi como aferrándose a una esperanza de qué alguien le brinde respuestas a sus reclamos, indicó que tenía fotos de su propiedad “y un planito de esa zona, que lo saqué de Google”.

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