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Duras condenas para los asesinos del municipal

Verónica, Jonathan y Rafael Figueroa fueron sentenciados a 21 años de prisión efectiva.

Los jueces igualaron el monto de los castigos por el homicidio de Juan Sepúlveda, superando los pedidos de la Fiscalía y la querella.
 
La Cámara Segunda del Crimen condenó a Verónica, Jonathan y Rafael Figueroa a 21 años de prisión por considerarlos penalmente responsables del crimen del trabajador municipal Juan Carlos Sepúlveda. La dura sentencia sorprendió y causó beneplácito a la querella, que, al igual que la Fiscalía de Cámara, había diferenciado el grado de responsabilidad de los imputados y solicitado penas diversas.
La lectura de la resolución judicial se vivió en un clima de tensión por los contrapuestos intereses de quienes colmaron la sala de la Cámara. Como pocas veces, había numerosos allegados a los acusados y a la víctima. El llanto angustiante de los allegados a la familia  Figueroa se contrapuso a la silenciosa emoción de los deudos de Sepúlveda, que no hicieron manifestación alguna mientras el juez César Gutiérrez Elcarás leía las condenas. En la sala estuvo el vocal Mario Nolivo, pero no Pablo Repetto, quien está de licencia y no votó el fallo.
En sus alegatos, los abogados querellantes, Pablo Gutiérrez y David Maestre, habían reclamado 21 años de cárcel para Rafael y su sobrino Jonathan, quienes participaron de los dos ataques a Sepúlveda: en el primero, el arma se trabó y no pudieron dispararle.
Sin embargo, habían contemplado que Verónica "es una mujer joven con dos hijas menores a cargo" para solicitar 16 años de prisión por instigar el crimen.
Por su parte, el fiscal Alejandro Silva también había diferenciado los años de pena según los roles, pero con castigos algo más leves: 18 años de prisión para Jonathan, por disparar, y Rafael (partícipe necesario) y 14 años para Verónica Figueroa.
La parte acusadora no dudó en que se había probado que los tres participaron del absurdo crimen, el 23 de noviembre de 2011, tras una discusión por daños en el jardín de Sepúlveda.
 
Fundamentos
Al analizar la prueba y los testimonios, los jueces descartaron uno tras otro los argumentos de los abogados defensores Claudio Romero y Eves Tejeda. Y afirmaron: "Los tres imputados se comportaron como matones, con un alto grado de prepotencia, cegados de poder, como si fuesen los dueños del barrio, pudiendo disponer libremente sobre la vida y la muerte, incluso por una flor".
El argumento de la defensa de la imputada se basó en un presunto abuso sexual, una versión sin sustento, según los magistrados.
Al valorar las penas, el punto de la sentencia que causó sorpresa, expresaron: "Debemos contemplar como agravantes genéricos para los tres imputados lo especialmente grave y sin sentido del hecho. La pertinaz voluntad de matar es inusual, fueron la primera vez y dispararon (...) se traba el arma y no pueden (atacar a la víctima). Esto debió hacer reflexionar a Jonathan y Rafael, pero lejos de ello pareciera que se molestaron más aún: se fueron, arreglaron el arma y volvieron para matar", consignaron en la sentencia.
Y para elevar el castigo a la mujer, sin más, concluyeron: "Ella fue la causante del drama que sacudió a la ciudad. Ella fue la que manejó la vida y la muerte de la infortunada víctima y no dudó en direccionar a sus parientes hacia el cruel suceso".

 

El crimen ocurrió por una "notoria ausencia del Estado"

"Dos veces llamó a la Policía María Alejandra Sepúlveda. Nadie fue", expresaron los jueces. Dijeron "sentir vergüenza" por "semejante indefensión".
 
Los jueces César Gutiérrez Elcarás y Mario Nolivo advirtieron en la sentencia: "La muerte de (Juan Carlos) Sepúlveda no fue un accidente, ni estuvo falta de motivos o móvil; tampoco fue solamente por una flor. Se dio en un contexto de notoria ausencia del Estado", y detallaron las falencias del destacamento policial del barrio Anai Mapu, que impidieron a sus efectivos evitar el homicidio.
Uno de los agentes, citado a declarar como testigo, explicó que eran sólo dos los efectivos que trabajaban en el lugar y que eso dificultaba acudir ante los pedidos de auxilio de los vecinos.
Los magistrados manifestaron: "Dos veces llamó a la Policía María Alejandra Sepúlveda (hija de la víctima): una por las amenazas de Verónica y la otra por el balazo disparado por Jonathan a sus pies, y por la noticia brindada de boca de Jonathan, 'vengo a matar a tu padre', nadie fue".
Gutiérrez Elcarás y Nolivo dijeron sentir "vergüenza" ante "semejante indefensión". Y estimaron que el ataque fue producto "del actuar desproporcionado, irracional e inhumano de los Figueroa que estaban cegados de poder ante la inactividad del Estado y hacían las tropelías que les venía en gana".

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