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Definen si envían a Freydoz a prisión

Se evaluó ayer si el tratamiento médico de la asesina de Carlos Soria puede realizarse en forma ambulatoria. Si los peritos concluyen que sí, la trasladarían del hospital cipoleño a una cárcel.

La mujer se entrevistó con la Junta Médica del Poder Judicial, que elevará el informe a una Cámara del Crimen de Roca.

Una junta médica evaluó ayer el estado de salud de Susana Freydoz para determinar si la homicida del ex gobernador Carlos Soria está en condiciones de continuar su tratamiento psiquiátrico en forma ambulatoria. Si los peritos así lo consideran, la mujer será trasladada a una cárcel común. Los peritos se reunieron en el Cuerpo Médico Forense de los juzgados cipoleños y entrevistaron durante varias horas a Freydoz para elevar sus conclusiones a la Cámara Segunda de Roca.
La mujer, hallada culpable del homicidio de su esposo, fue trasladada al edificio de España y Urquiza desde el hospital de Cipolletti, donde cumple condena desde el 20 de noviembre del año pasado. Fuertemente custodiada y contando siempre a su lado con un acompañante terapéutico, utilizó pasillos internos del juzgado para evitar contactos con la prensa, funcionarios u otros reos (ver aparte).
Según manifestaron fuentes judiciales, el resultado del informe sería enviado ayer al Tribunal, para que se adopte una determinación en pocos días; aunque Sergio Blanes Cáceres, jefe del Cuerpo Forense de Cipolletti, adelantó que no se informarán los pormenores del escrito. Algo similar ocurrió durante la serie de peritajes realizados a Freydoz durante la instrucción de la causa, que determinaron que comprendió la gravedad de su accionar al jalar del gatillo del un revólver calibre 38 marca “Smith and Wesson” con el que mató a Soria de un balazo en el rostro, en la madrugada del 1 de enero de 2012.
 
Tratamiento ambulatorio
A Freydoz se le dictó prisión preventiva a pocos días del crimen, pero ante la posibilidad de que atentase contra su vida se dispuso que fuese alojada en el área de Psiquiatría de un hospital. Se eligió Cipolletti para preservarla de posibles represalias en Roca, ciudad de la que Soria fue dos veces intendente. Y en el mismo nosocomio continuó la recuperación psicológica de la mujer, sumida en un profundo cuadro depresivo tras cometer el magnicidio.
El requerimiento de la Cámara Penal roquense a la Junta Médica se realizó poco después de la sentencia, pero los profesionales se reunieron recién ayer para analizar exclusivamente si Freydoz puede recibir el mismo apoyo terapeútico sin estar internada.
Si la conclusión es afirmativa, en Tribunales daban por hecho que los magistrados se inclinarán por suspender la internación y ordenar el traslado de la mujer a una institución penal como se dictó en la sentencia de primera instancia. La condena aún no está firme, por ello el seguimiento de la pena aún no está a cargo del juez de Ejecución Penal, Juan Chirinos.

Gran despliegue para resguardarla
Desde las primeras horas de la mañana y hasta pasado el mediodía, Susana Freydoz, la homicida de Carlos Soria, se mantuvo dentro del edificio de Tribunales, aunque sólo se la vio esporádicamente mientras era conducida entre las distintas dependencias. Cubierta por un largo saco negro, con un cuello alto que ocultaba su rostro y lentes negros, la mujer fue resguardada por un operativo de seguridad que pareció apuntar sólo a que no fuera retratada por medios de prensa ni se cruzara con otros imputados de los que a diario caminan por el lugar.
Generalmente, los convictos llegan y se retiran esposados, pero no se advirtió que se arbitraran los mismos medios para reducir la movilidad de Freydoz.
Una vez concluida su declaración ante los psiquiatras del Poder Judicial y tras varios minutos de espera, se la condujo por pasillos internos hacia la salida por la sede de la Fiscalía, por calle Urquiza.
Tras frustrados esfuerzos por generar distracción, la guardia policial que la acompañaba emprendió la retirada, pero el Chevrolet Monza color bordó en el que volvió al nosocomio estaba muy lejos de la puerta, lo que complicó el objetivo. La mujer caminó a paso acelerado, presurosa por resguardarse de los flashes, y cuando finalmente pudo subir al auto, el conductor partió rápidamente.
Las medidas adoptadas resultaron llamativas, porque no son habituales ni para sospechosos ni condenados por distintos delitos.

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