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Confesó autoría de crimen en las 1.200

Carlos Argüello dijo ante los jueces que fue él quien asesinó a Carlos Becerra, en febrero de 2011. Antes de finalizar su testimonio, el joven pidió perdón a la familia de la víctima.

Los alegatos serán el martes y en dos semanas se conocerá la sentencia.
 
El joven acusado de haber asesinado de un disparo a Carlos Becerra, en febrero de 2011, confesó el crimen ayer en la segunda audiencia del juicio que se lleva adelante en su contra. Otros dos testigos declararon y sus testimonios afirmaron los dichos del imputado. El debate se reanudará el martes próximo y en esta ocasión se escucharán los alegatos de las partes.
Carlos Roberto Argüello no dejó dudas en su declaración. Al inicio de la audiencia pidió la palabra y el Tribunal de la Cámara Segunda, conformado por César Gutiérrez Elcarás, Alejandra Berenguer y Sonia Martín, aceptaron escucharlo. “Yo le disparé”, aseguró el acusado.
La disputa que terminó con la vida de Becerra comenzó con una discusión. Es que siete meses atrás al hecho, la víctima entró a la casa del imputado y tras amenazar a su familia con un cuchillo los asaltó.
“Qué vas hacer ahora, si ese día no hiciste nada. Sos un cobarde”, aseguró el imputado que le dijo la víctima. Estas palabras habrían sido el desencadenante del trágico incidente.
La discusión se fue tornando cada vez más violenta hasta que el acusado sacó el arma de fuego que llevaba escondida entre sus ropas y le disparó. “Yo no quería matarlo, pero tenía que defender a mi familia. El había amenazado a mi hijo con un cuchillo. Estoy muy arrepentido de lo que hice. Lamento mucho lo que pasó”, declaró el detenido.
Según la versión que dio a conocer Argüello, esa noche había estado reunido con otro amigo tomando alcohol. Luego de varias horas se dirigió hacia la despensa de la familia Esparza, ubicada en calle Manuel Estrada al 1.200, y allí se encontró con la víctima. Tras discutir por algunos minutos, Becerra terminó tendido en la calle con un disparo en el pecho. Murió poco después, en los brazos de un amigo.
 
Más testimonios
Además de escuchar la declaración del acusado, otros dos testigos dieron su versión de los hechos. Uno de ellos fue la joven que quedó arrestada tras haberse negado a presentarse ante la Justicia.
En un principio, dijo ante el Tribunal no recordar nada. Pero cuando uno de los magistrados, César Gutiérrez Elcarás, le recordó que estaba bajo juramento y que podía ser acusada de falso testimonio depuso su actitud. La joven trabaja en la despensa donde fue asesinado Becerra. Esa noche, la testigo se encontraba en el lugar y dijo escuchar dos disparos y que al salir vio a alguien que se retiraba a bordo de una moto, presumiblemente el autor del crimen.
El otro testigo fue un joven que era amigo tanto de la víctima como del acusado. En su declaración comentó que ese día  había estado tomando alcohol con Argüello. Al quedarse sin qué beber fue hasta la despensa donde estaba Becerra.
Según declaró, tras escuchar dos disparos salió del local y fue cuando encontró a la víctima herida en el suelo.
“Me di cuenta que tenía un disparo. Él me pedía que lo ayudara pero luego de algunos minutos se murió en mis brazos”, comentó el testigo.
A Argüello se lo acusa de homicidio agravado por el uso de arma de fuego, delito que contempla penas de entre 10 años y 8 meses y hasta 25 años de prisión.

Una vida signada por la violencia, las drogas, el alcohol y el delito

El acusado relató que tuvo que irse de su casa, siendo menor de edad, por el calvario que vivía a diario. Aseguró que debió robar para poder comer.
 
Antes de comenzar con su declaración, Carlos Argüello relató episodios de su vida en los que la violencia fue la protagonista. “Me fui de mi casa a los 12 años porque mi papá tomaba mucho y después se ponía violento. Siempre se la agarraba conmigo”, comentó el acusado.
Frente a esta situación eligió alejarse de su familia y se fue a vivir a una precaria vivienda de un primo, en el sector de tomas de Neuquén. Al no tener estudios ni trabajo fue así que comenzó su vida delictiva.
“No tenía qué comer, ni plata así que empecé a robar. Lo hacía en el centro  –en referencia a la capital neuquina– y a veces lavaba algún auto”, afirmó Argüello.
Además, contó que a los 16 años su primer hijo murió. Tiempo después volvió a ser padre.
Contó que antes de tener a su segundo hijo, quiso regresar a su casa, pero sólo estuvo un mes ya que la situación era la misma.
"Regresé y me volvieron a pegar. Por eso me fui de nuevo", comentó.
Al volver a la calle comenzó a tomar alcohol y drogas y hasta habría sido víctima de abuso.
Un dato llamativo es que tanto la víctima como el acusado contaban con antecedentes penales. Argüello tenía una condena en suspenso de dos años y tres meses, que había sido unificada por diferentes hechos. Fue juzgado por robos, lesiones leves y por tenencia ilegal de arma de fuego.
Por su parte, Becerra había sido sentenciado a tres años en suspenso por robo, portación de arma de fuego y lesiones graves. Al ser delitos excarcelables ninguno de ellos estuvo preso.

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