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Comprometerse en el pedido de justicia

Compañeros de trabajo y autoridades acompañaron a los familiares de José Maciel a dos años de su muerte y reclamaron respuestas.

Por: Gustavo Arroyo

Pasaron dos años del asesinato del obrero municipal José Domingo Maciel y la solicitud conjunta de justicia por parte de amigos y compañeros de trabajo se escuchó más que nunca. Fue casi un grito y tiene su razón de ser: todavía no hay respuestas concretas de los responsables de la investigación abierta el 13 de julio de 2010. Sin imputados y con varias hipótesis en danza, no hay garantías de una resolución en un corto plazo de tiempo.
Por eso y más allá de alguna crítica de determinados sectores, es positivo que las principales autoridades participen y se sumen al pedido de un rápido esclarecimiento. Estuvo el gobernador Alberto Weretilneck y también el intendente de la ciudad, Abel Baratti. Los actos públicos conllevan el riesgo permanente de ser cuestionados frente a una ciudadanía que está harta de la inseguridad y de las demoras en brindar resultados por parte de los distintos poderes del Estado.
Queda claro que lo sucedido frente a la Escuela de Policía de Cipolletti no fue un hecho común y que por ese motivo merecía una intervención judicial rápida, con peritos preparados para recoger pruebas de valor y funcionarios dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias en lo que se refiere a la detención de los responsables.
El tiempo transcurrió, hubo tironeos y, en el medio, una familia -la de la víctima- que vio cómo se esfumaba la posibilidad de encerrar a los culpables. Y el hincapié en los allegados a Maciel tiene relación con la actitud del resto de la comunidad, que parece no comprender que el grave atentado ocurrido hace dos años fue un ataque al conjunto de sus integrantes y no a un individuo o institución en particular. Los triples crímenes tampoco se limitaron a tres jóvenes estudiantes o tres mujeres cipoleñas. En todas estas situaciones se produjo una gravísima agresión al pueblo, a sus valores de convivencia, a su aprecio por la vida, a su derecho de vivir en paz.
Muy bien hizo el jefe comunal en el acto del pasado viernes, en un momento del discurso, en pedir que “la comunidad debe comprometerse, debe estar presente en este tipo de actos que llenan de dolor”.
La pelea que llevan adelante los hijos, la esposa y los compañeros de Maciel ya no debe estar restringida a ellos solamente y todos los que aman a esta tierra, que eligieron a Cipolletti para vivir, tienen la obligación de exigir justicia a las autoridades encargadas de resolver el delicado caso.
Esa voz aunada, comprometida de personas, organizaciones y dirigentes no va a pasar desapercibida y será escuchada tanto por los responsables de la investigación como por aquellos que osen agredir a alguno de los integrantes de este conjunto de vecinos rionegrinos que integran una de las ciudades más pujantes del Valle.

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