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Buscan impedir la instalación de cocinas de paco

"Cuando ingresa a un territorio es casi imposible erradicarlo", afirman ONGs.

En un debate en esta ciudad sobre la despenalización del consumo se valoró que en el Alto Valle no es masiva esa "droga de exterminio".
 

Asistir a los consumidores de drogas con políticas preventivas y de salud pública es la premisa de las organizaciones no gubernamentales abocadas a la temática. Referentes de comunidades de ayuda terapéutica y de familiares de jóvenes adictos plantearon que es necesario que la sociedad se involucre en esos aspectos. Y reclamaron al Estado que se aboque a la persecución de las redes de tráfico de estupefacientes. La escasa incidencia del paco en la región fue contemplada como un punto a favor en la lucha contra la drogadicción. “Cuando entra, es casi imposible erradicarlo”, se afirmó.
En una jornada de debate con participación de representantes de distintos sectores de la comunidad, se discutió ayer en Cipolletti el proyecto de despenalización del consumo de drogas. En el Colegio Médico se reunieron profesionales de la salud, vecinos e integrantes de organizaciones sociales y deportivas. Miguel Aninao, presidente del club San Martín, explicó que esa entidad trabaja desde 2011 con charlas de prevención y difusión de las problemáticas que acarrea el consumo de estupefacientes. Lugar de encuentro de niños y adolescentes del populoso barrio Don Bosco, el club no es indiferente a la situación. “Lo que vemos es que hay menores del barrio que hablan con mucha naturalidad de la droga y como institución intentamos evitar que se inicien en el consumo. Ya tuvimos charlas del Sedronar y acordamos otra actividad con especialistas en la materia”.
 
Consumo precoz
El juez de Instrucción Gustavo Herrera y Mabel Dell´Orfano, de la Fundación Transitar, precedieron a referentes de integrantes de organizaciones no gubernamentales que trabajan la problemática junto a adictos y familiares. Los disertantes coincidieron en la necesidad de modificar el enfoque actual, que penaliza el consumo. “Los adictos son víctimas, rehenes de otras personas”, afirmaron varios de ellos.
Actualmente, en el país se inician unos 12 mil expedientes penales por año a personas sorprendidas con pequeñas dosis de estupefacientes. A las autoridades les preocupa evitar el ingreso al mundo del consumo, porque en la mayoría de los casos la ingesta genera un espiral que lleva a sustancias más perjudiciales y dosis más altas. El cerebro se acostumbra al efecto circunstancial "y necesita generar ese falso equilibrio", detalló Dell´Orfano.
La directora del centro de rehabilitación cipoleño detalló que en la ciudad se detectó que un alto porcentaje de estudiantes secundarios afirmaron haber consumido alcohol, cuando por edad no deberían tener acceso. Ayer hubo varias manifestaciones para avanzar en limitaciones al comercio de alcohol y tabaco. "Hay que discutir dónde y quiénes lo expenden", se manifestó.
Alicia Romero, de la fundación Madres contra el paco, y Marta Gómez (Movimiento de madres en lucha) fueron las principales exponentes de la jornada. Contaron las experiencias personales y grupales que las impulsaron a conformar organizaciones que combaten al paco, el más nocivo de los estupefacientes que se comercializan en Argentina. “Es una droga de exterminio. Sólo tiene dos por ciento de cocaína. El 98% restante es basura, veneno”, dijo Romero. Y valoró que en el núcleo urbano de Cipolletti y Neuquén sean escasos los hallazgos de cocinas de paco. “Hay que trabajar muy fuerte en la prevención para que no entre a la región. Porque una vez que ingresó es casi imposible erradicarlo”, manifestó Gómez.
 
Sociabilizar
Romero y Gómez plantearon ayer la necesidad de diseñar estrategias de abordaje sobre la drogadicción en los que se involucre toda la comunidad. Comenzaron su tarea social por algún tipo de contacto con adictos, pero en su camino comprendieron que “lo importante no es señalar a quien comete errores, sino comprender que es un problema de todos. Quien consume, y a veces delinque para comprar drogas, convive con los que no lo hacen. Entonces es un tema de todos”, dijo Romero. La referente de Madres contra el Paco contó que antes de formar la institución trabajaba en un comedor comunitario. “Veíamos pasar a los chicos como muertos vivos y todo el mundo sabía dónde estaba el kiosco que les vendía paco. Pero nadie hacía nada, hasta que nos involucramos”, explicó.
Romero, a su vez, es madre de un consumidor y se unió a dos vecinas una de ellas adicta y la restante mamá de hijos adolescentes. La preocupación por el cambio en el comportamiento de los jóvenes de su barrio derivó en su unión con otras mujeres, de otros sectores de la Ciudad de Buenos Aires.
Estimaron necesario un proceso similar para abordar la problemática en la región, teniendo en cuenta la gran cantidad de jóvenes que se drogan y la existencia de graves delitos derivados del narcotráfico. Y en ese sentido destacaron la ventaja que representa que no haya venta masiva de paco.

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