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Barnes y una altísima graduación

La judoca cipoleña obtuvo su cinturón negro ayer, en una ceremonia multitudinaria que se realizó en el Complejo Municipal. A los 20 años, la joven con Síndrome de Down es un ejemplo de pasión y constancia.

Sangre y Roa acompañaron en el examen a la luchadora, coordinados por el 7º Dan Bossero.
 

Mariana Barnes alcanza objetivos en la vida que emocionan, aunque esta judoca de 20 años que ayer se graduó con el cinturón negro emana naturalidad en casa paso, en cada gesto y cada abrazo que responde en una tarde que es suya ante la presencia del intendente Abel Baratti y el director de Deportes Carlos Fernández.
Tras 9 años de trabajo, la cipoleña con síndrome de down alcanzó el 1º Dan de su deporte favorito. Su tenacidad es un ejemplo y su capacidad de integración una hermosa recompensa para la política deportiva comunal que en esta caso ha sabido contenerla en una de sus escuelas.
Hace dos años, en el mismo lugar, Mariana se había hecho acreedora del cinturón marrón que ayer se llevaron sus padres para extender la tradición y atarlo a la cintura de algún otro kiw que surja desde la Escuela Municipal de Judo.
Entonces, el impacto de un “auditorio” colmado la sorprendió, pero ayer se respiró una atmósfera diferente. Su espontaneidad fue capaz hasta de romper los protocolos orientales en un lance, robándole sonrisas al propio veedor de la Confederación Argentina, Carlos Garza, o al mismísimo Oscar Bossero, encargado de tomar el examen.
Fuera del tatami, su papá Ricardo y su mamá Cecilia prefieren no mirar demasiado para no trasladar nervios. Muchos más acostumbrados a la independencia que su hija ha logrado a través del deporte, la procesión de ellos pasaba por el contexto.
Allí, en asimilar que Mariana es una chica clínicamente sana, fue donde toda la familia encontró el punto de partida para una vida sin prejuicios.
“Cuando nació no sabíamos qué hacer, pero los médicos nos aseguraron que era sana y debía hacer una vida como la de cualquiera. Entendimos eso con Ricardo y ella hizo todo lo demás”, reconoció Cecilia desde un costado de la escena.
 
Los demás

La mirada diferente es de algunos otros sobre Mariana. Integrada por completo a todas sus actividades, ella vive con pasión lo que hace.
Al volver de la escuela, su rutina diaria pasa a ser inmediatamente el deporte. Además del judo es alumna de Víctor Aubert en el natatorio, un profesor que ha servido de guía para la familia.
“Víctor ha sido tan importante como los médicos para ella y para nosotros. El deporte se hizo un estilo de vida en su crianza, de mucha contención para nosotros”, dijo la madre que además tiene a Héctor y Micaela.
Lo que viene de ahora en más es continuidad. Mariana ya piensa en su próxima graduación y en seguir forjando su futuro como deportista, siendo la estrella  del tatami y extendiendo el legado de ejemplo que parece rodearla sin proponérselo, solamente disfrutando de su vida como cualquier otro.

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