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Alarma por supuesta pérdida en una estación de servicio

Vecinos de los barrios Don Bosco y Almirante Brown manifestaron su malestar por la situación. Pretenden que se deje de expender GNC.

Los principales damnificados son los integrantes de una familia que vive en el terreno lindero. Aseguran que sus paredes tiemblan todos los días.
 
Alrededor de as 23.15 del martes, un intenso olor a gas natural comprimido comenzó a invadir parte de los barrios Don Bosco y Almirante Brown.
Según manifestaron los vecinos de la zona, el problema fue una pérdida en la estación de servicio Petrobras, ubicada en la intersección de las calles La Esmeralda y Ecuador.
Los primeros minutos fueron de una gran confusión. Los vehículos intentaban salir del lugar pero no tenían cómo y es que las malas maniobras habían generado un importante desorden. Los transeúntes intentaban escapar por el insoportable olor.
Desde la Municipalidad, por su parte, le quitaron importancia al hecho, minimizando los riesgos. Jorge Obreque, coordinador operativo del área de Protección Civil, explicó que el técnico aseguró que sólo se trató de un venteo. Sin embargo, pobladores de la zona aseguran que el escape de gas se prolongó por cerca media hora.
Del operativo también participó personal de Bomberos, quienes llegaron raudamente al lugar y después de algunos infructuosos intentos pudieron cerrar la llave de paso.
Los diferentes puntos de vista entre los trabajadores municipales y los vecinos quedaron explícitos en una discusión que por momentos fue ardua y por poco no pasó a mayores.
Los habitantes de la zona se mostraron indignados por la situación y por la respuesta del Estado local. Asimismo, pidieron la solidaridad de otros vecinos para que los ayuden a sacar la estación de servicio, porque aseguran estar en peligro.
 
Vivir pegados
Al lado de la estación de servicio, sobre la calle Ecuador, y desde hace 22 años, vive la familia Neira. Juan, el jefe de hogar, señaló que hace aproximadamente una década vienen teniendo serios problemas en lo que respecta a su cotidianeidad dentro de la casa.
El problema apareció cuando se comenzó a cargar GNC en el terreno lindante. Allí, en la pared que comparten, se instalaron las cañerías que desde entonces empezaron con un incesante vibrar que aún hoy prosigue, según indicaron los Neira.
“No sabe cómo vibra todo el terreno cuando funcionan los compresores; nosotros lo notamos mayormente por la noche”, explicó Juan, quien actualmente comparte su hogar con su esposa, una hija, un hijo, una nuera y dos nietos. Uno de los pequeñitos, de apenas tres meses, el martes por la noche fue retirado de allí, debido a la proliferación del gas por la zona.
Si bien es la primera vez que sucede esto, recordaron que en varias oportunidades se incendiaron autos que terminan siendo estacionados en llamas frente a la puerta de su vivienda. También señalaron que una oportunidad se prendió fuego el depósito de la estación de servicio.
 
"Una casa que tiembla"
Las quejas por los inconvenientes fueron reiteradas, al igual que los pedidos. Pero para ser escuchados, según afirmaron, no contaban con algo fundamental, que era la escritura de la propiedad.
Cuando se percataron de ese escollo, comenzaron a realizar las diligencias para finalizar con una presentación que hoy está en trámite y que todavía no desconocer si tendrá una resolución a su favor.
Lastimosamente, señalaron que la vivienda actualmente se encuentra muy desvalorizada, y que toda la situación se la deben a la estación de servicio. “¿Quién te va a querer comprar una casa que tiembla y que cualquier día te puede volar por el aire?”, graficaron.
 
Dificultades
Juan, de 62 años, permanece durante casi todo el día en la casa, ya que tiene serios inconvenientes en su cadera y fue sometido a más de diez operaciones. Hace casi medio año que dejó un andador y ahora se traslada, no sin dificultad, con un bastón.
La situación que atraviesa el vecino se tornó desesperante con el temblequeo de las paredes durante las 24 horas del día.
Es por eso que, por lo menos como una medida provisoria, el vecino pide que se modifiquen los horarios de trabajo.
“Yo no quiero ir contra los empleados, que sé que son trabajadores como cualquiera, pero que hagan como en el Changomás, que los que protestan no pueden hacer ruido de 13 a 17 para respetar la siesta; acá que no lo hagan por lo menos de 22 a 6, porque no se puede ni dormir tranquilo”, remarcó.
Por último, reflexionó: “Como siempre, la terminamos pagando los pobres”.

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